Ciudades de Extremadura

Mérida. Capital de Extremadura

La ciudad de Augusta Emerita, fue fundada por orden del emperador Octavio Augusto en el año 25 a. C., para acoger a los soldados de las guerras cántabras, veteranos de las legiones V Alaudae y X Gemina.

Desde el principio fue una ciudad amurallada, en la que tenían especial interés los edificios de espectáculos públicos, (Teatro, Anfiteatro y Circo), además de los Foros, templos, termas, embalses y demás edificaciones que se fueron integrando en la ciudad, con los edificios de viviendas y las plazas públicas. Especialmente relevante fue el puente romano sobre el Guadiana, uno de los más largos del imperio, que se convirtió en un importante nudo de comunicaciones acorde con el rango de la ciudad. La llegada de los visigodos continuó manteniendo su importancia y fue tras la presencia de los árabes cuando comienza el declive de la ciudad, quedando prácticamente relegada al ostracismo hasta el siglo XX. Desde 1993 Mérida ha recobrado su grandeza ya que en diciembre de ese mismo año fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, siendo éste un reconocimiento de su proyección turística, uno de sus motores económicos.

Conjunto arqueológico

Mérida es la Capital de la Comunidad Autónoma de Extremadura. Se localiza de forma estratégica en un valle confluencia de dos ríos, el Guadiana y el Albarregas que bañan sus cimientos y garantizan la fertilidad de sus tierras.La escasa distancia con otras ciudades influyentes de su entorno la convierte en el centro de toda la riqueza económica, cultural, arquitectónica y ecológica de la región.

Su situación Geográfica convierte a Mérida en un importante nudo de comunicaciones. Centro neurálgico de un extenso territorio, posibilita que sea el punto de conexión Norte-Sur a través de la Autovía “Vía de la Plata” A-66 (Gijón-Sevilla) y Este-Oeste por medio de las Autovías A-5 (Madrid-Lisboa) y la A-43 (Lisboa-Valencia).

De igual forma es un núcleo clave para las comunicaciones por ferrocarril concentrándose en nuestra ciudad las líneas que llevan hasta Madrid, Lisboa, Sevilla, Badajoz, Cáceres o Ciudad Real.

Los aeropuertos más cercanos se encuentran a 40 km (aeropuerto de Talavera la Real) y a 200 km (aeropuerto de Sevilla).

Almendralejo

Ciudad de cordialidad

Almendralejo es la capital de la amplia y rica comarca de la Tierra de Barros, situada en la importante ruta Vía de la Plata (antigua calzada romana). Está cruzada por la A-66, principal vía de comunicación del oeste peninsular y, permite un fácil acceso a la A-5 por Mérida, que la comunica de un lado con el interior de la Península, y del otro con Portugal.

Al aproximarse a Almendralejo, el viajero se ve inmerso en un interminable mar de viñedos y olivares que le sorprenderán por sus colores y bellezas en las distintas estaciones del año.

La ciudad te ofrece la posibilidad de disfrutar de un turismo enológico, patrimonial y natural. Puedes visitar bodegas tradicionales, artesanales, modernas e innovadoras que te abren sus puertas y te invitan a probar sus vinos y descubrir su singular historia, además de edificios emblemáticos como el Palacio de Monsalud, la Parroquia o el Teatro Carolina Coronado, entre otros.

Fiestas

Las Fiestas empiezan en febrero con Las Candelas, fiesta de interés turístico regional, seguimos con el Salón del Vino y la Aceituna de Extremadura y la feria gastronómica, continuamos con la Romería de San Marcos y la Ruta Literaria del Romanticismo para conocer a dos de los grandes autores del Romanticismo, José de Espronceda  y Carolina Coronado, dos almendralejenses y extremeños que a través de sus obras han hecho inmortal a esta tierra. En verano, la feria de la Piedad y Fiesta de la Vendimia para terminar el año con las Jornadas Gastronómicas.

En definitiva, una ciudad alegre, vivaz, fresca, próspera y emprendedora, en la que el carácter de la gente, su forma de vida y acogida al visitante te seducirá para disfrutarla.

Badajoz

La Alcazaba de Badajoz (del árabe: al-qaṣbah, قصبة, al kasbah, ‘ciudadela’)

Badajoz es  la ciudad con más población de Extremadura. En el año 2017 tenía 150 000 habitantes, lo que representa el 21,71% de la población total de su provincia y el 13,64% de la comunidad extremeña. Esta cifra sitúa a Badajoz como el municipio más poblado de Extremadura y de la cuenca hidrográfica del Guadiana (uno de los ríos más importantes de la Península Ibérica, que surca la ciudad de este a oeste para después girar hacia el sur); siendo, además, un importante enclave natural y ornitológico.

Su término municipal, que hace frontera por el oeste con Portugal, es la de mayor extensión de la provincia. Tiene 144 037 hectáreas, o lo que es igual, 1 440,37 km² de superficie,​ que representa el 6,62% de la provincia, continúa siendo, después de Cáceres y Lorca, el tercer término municipal más extenso de España. Está formado por diez núcleos de población, entre los que sobresalen, además del casco urbano pacense, Gévora, Villafranco del Guadiana y Valdebótoa, todos ellos por encima de los 1 000 habitantes. En Bótoa se encuentra la Base Militar “General Menacho”, una de las más importantes de España.

Plaza fuerte y amurallada

Su importancia geo-estratégica y fronteriza condicionó su historia como plaza fuerte y amurallada, como capital militar en la frontera; siendo eje de las relaciones diplomáticas entre España y Portugal, como atestiguan numerosos episodios históricos, tratados o bodas reales en la ciudad. En 1580, Felipe II trasladó la Corte al completo y el grueso de su ejército a Badajoz, para gestionar la anexión de Portugal y su consiguiente imperio, siendo durante once meses capital en funciones. En la actualidad, sus buenas relaciones transfronterizas con la portuguesa y vecina Elvas, han dado lugar a un acuerdo, desde 2013, como Eurociudad, para impulsar un crecimiento conjunto, destacando su importancia regional en el suroeste europeo.

El Casco Antiguo, también conocido como barrio histórico, compone el sector más antiguo de Badajoz. A pesar de haber sido una ciudad muy castigada por las numerosas guerras, conserva multitud de edificios en su Conjunto Histórico-Artístico declarados Bien de Interés Cultural, con un importante complejo histórico y arqueológico en su parte monumental. Destaca la Alcazaba de Badajoz, la Catedral-Metropolitana de San Juan Bautista de Badajoz, la Plaza Alta y las antiguas Casas Consistoriales, las murallas y diversas fortificaciones de su recinto abaluartado de estilo Vaubán, la Torre de la Atalaya o de Espantaperros, la Puerta de Palmas, el Puente de Palmas sobre el Guadiana, el Palacio de Godoy, el Convento de Las Carmelitas, la Puerta del Pilar, la Puerta de la Trinidad, la Iglesia de Santo Domingo, la Iglesia de la Concepción, la Iglesia de Santa Catalina, la Iglesia de San Agustín y el Real Monasterio de Santa Ana (donde estuvo enterrada Ana de Austria, reina consorte de Felipe II), entre otros muchos edificios y vestigios históricos de diferentes estilos, épocas y funcionalidades. Además de un importante patrimonio histórico-documental en sus archivos, así como el patrimonio histórico que alberga en sus numerosos museos, centros de interpretación e instituciones culturales, cuyas sedes son palacios o edificios históricos, sin olvidar que es la sede de la Biblioteca de Extremadura, junto a la Facultad de Ciencias de la Documentación y la Comunicación de la Universidad de Extremadura y próxima a la sede de la UNED.

Su importancia geo-estratégica y fronteriza condicionó su historia como plaza fuerte y amurallada, como capital militar en la frontera; siendo eje de las relaciones diplomáticas entre España y Portugal, como atestiguan numerosos episodios históricos, tratados o bodas reales en la ciudad. En 1580, Felipe II trasladó la Corte al completo y el grueso de su ejército a Badajoz, para gestionar la anexión de Portugal y su consiguiente imperio, siendo durante once meses capital en funciones. En la actualidad, sus buenas relaciones transfronterizas con la portuguesa y vecina Elvas, han dado lugar a un acuerdo, desde 2013, como Eurociudad, para impulsar un crecimiento conjunto, destacando su importancia regional en el suroeste europeo.

El Casco Antiguo, también conocido como barrio histórico, compone el sector más antiguo de Badajoz. A pesar de haber sido una ciudad muy castigada por las numerosas guerras, conserva multitud de edificios en su Conjunto Histórico-Artístico declarados Bien de Interés Cultural, con un importante complejo histórico y arqueológico en su parte monumental. Destaca la Alcazaba de Badajoz, la Catedral-Metropolitana de San Juan Bautista de Badajoz, la Plaza Alta y las antiguas Casas Consistoriales, las murallas y diversas fortificaciones de su recinto abaluartado de estilo Vaubán, la Torre de la Atalaya o de Espantaperros, la Puerta de Palmas, el Puente de Palmas sobre el Guadiana, el Palacio de Godoy, el Convento de Las Carmelitas, la Puerta del Pilar, la Puerta de la Trinidad, la Iglesia de Santo Domingo, la Iglesia de la Concepción, la Iglesia de Santa Catalina, la Iglesia de San Agustín y el Real Monasterio de Santa Ana (donde estuvo enterrada Ana de Austria, reina consorte de Felipe II), entre otros muchos edificios y vestigios históricos de diferentes estilos, épocas y funcionalidades. Además de un importante patrimonio histórico-documental en sus archivos, así como el patrimonio histórico que alberga en sus numerosos museos, centros de interpretación e instituciones culturales, cuyas sedes son palacios o edificios históricos, sin olvidar que es la sede de la Biblioteca de Extremadura, junto a la Facultad de Ciencias de la Documentación y la Comunicación de la Universidad de Extremadura y próxima a la sede de la UNED.

Zafra

Viviendo el encanto de Zafra

Zafra es una de las ciudades de mayor renombre de Extremadura: su situación al sur de la región, al borde de la vieja calzada romana de la Plata (N-630), entre Andalucía, Castilla, La Mancha y el Alentejo, ha convertido a la ciudad en un inevitable punto de referencia para el viajero como lugar de descanso y alojamiento. La monumentalidad de su casco histórico aunque es afamada, no deja de sorprender, a cuantos se detienen a contemplarla, por la calidad y la belleza de sus muestras artísticas. Además, la condición de la ciudad como centro ferial desde el medievo ha permitido que se conozca internacionalmente y sea receptora, en unas fechas determinadas, de un tipo de viajero que busca otro tipo de objetivos, si bien más pragmáticos no menos interesantes.

Cuando las tropas de Fernando III, en el año 1.241, en su avance hacia Sevilla, tomaron el caserío que se extendía en el valle vigilado por el castillo roquero de El Castellar no supuso el final de una época y el inicio de otra, sólo el asentamiento de un nuevo grupo, el cristiano, que llevaba varios siglos al margen de la convivencia que aquí se desarrollaba. No quiere esto decir que los orígenes de nuestra ciudad provengan del tiempo que los musulmanes, inflamados de ardor guerrero, extendieron su civilización por nuestro solar, pues prospecciones arqueológicas en los alrededores nos han desvelado asentamientos de la época del bronce y restos romanos que hablan de la existencia de una Segeda.

En cualquier caso, habrá que esperar a que la dinastía de los Trastámara se haga con las riendas de la Monarquía para que Zafra adquiera un papel cada vez más preponderante en el Sur de Extremadura. El año de 1.394 pasa por ser un hito histórico para la ciudad, fue donada por Juan II (junto con las aldeas de Feria y La Parra y bajo la denominación de Señorío de Feria) a Gomes I Suárez de Figueroa, entonces un adolescente, camarero de la reina de Castilla e hijo de Lorenzo Suárez de Figueroa, Gran Maestre de la Orden de Santiago.

Tras varios titubeos iniciales, los nuevos señores de Zafra decidieron convertirla en el centro de todos sus dominios, que acrecentaron en los últimos años del siglo XIV y durante la centuria siguiente.

Parador

La villa fue adoptando una nueva fisonomía acorde al uso que iba a ser destinada: los cambios urbanos comenzaron con la construcción de una muralla, que a modo de cinturón englobó el viejo caserío y amplios espacios vacíos, que se pensaban ocupar con el tiempo. Las obras de la cerca, que nacía con la doble misión defensiva y fiscalizadora, se alargaron desde 1.426 a 1.449. Testimonios de la misma son la callejita del Clavel y las puertas de Jerez y Badajoz (Arco del Cubo).

Cuando en 1.460, los Suárez de Figueroa alcanzaron el título de Condes de Feria ya habían dado a la villa un cierto aire monumental, pues se habían ocupado de levantar grandes edificios destinados a su residencia (Alcázar) y a panteón del linaje (Monasterio de clarisas de Santa María del Valle). Aunque la actividad edificatoria no se paralizó nunca, adquirió un nuevo sentido en los primeros años del siglo XVII. En este nuevo enfoque urbano será determinante el ascenso del linaje en 1.567 a la titularidad ducal y a la grandeza de España, que devenía de la contribución del quinto conde, Gomes III Suárez de Figueroa y Córdoba, a la política de estado desarrollada por Felipe II.

Durante esos primeros años del 1600. La villa verá, entre otros cambios, la reconversión del viejo Alcázar condal en un palacio acorde con los nuevos gustos de la corte de los Austrias, o la terminación de una nueva iglesia mayor que se eleva a Colegial Insigne.

En esos márgenes cronológicos, y bajo el auspicio de la Casa de Feria, se fueron insertando en la trama de la villa establecimientos asistenciales (Hospitales de Santiago, San Miguel y San Ildefonso) y conventos femeninos (clarisas de Santa Marina, terciarias de La Cruz, dominicas de Santa Catalina y Regina Coeli). Extramuros se levantaron los monasterios dominicos de Santo Domingo del Campo y de El Rosario, y de franciscanos de San Benito y de San Onofre de La Lapa.

Inherente a la personalidad de Zafra es la actividad comercial, a la que coadyuvaron las comunidades judía y morisca, asentadas desde tiempos remotos en la villa y amparadas por los primeros Feria. La tutela señorial a la cultura judía propició que, en 1419, se vertiese por primera vez al castellano la Guía de Perplejos de Maimónides, la más antigua de cuantas traducciones se hicieran a lenguas vulgares del “altísimo libro del More”. La actividad mercantil encontraba su marco en la Plaza Chica y los soportales que rodeaban a la iglesia medieval, cuya demolición en la segunda mitad del siglo XVI dio paso a la actual Plaza Grande. Fundamentales para el desarrollo del comercio local fueron las ferias y mercados que se celebraron por San Juan, desde 1395, y por San Miguel, desde 1453. Dichas ferias sirvieron en el tiempo como elementos dinamizadores de la incipiente burguesía comercial que aquí se desarrollaba, y que tuvieron su continuación en el numeroso grupo de comerciantes, procedentes de Cameros (La Rioja), que se asentaron en la villa a partir del siglo XVI. El mantenimiento continuado de la actividad mercantil se vio recompensado en tiempos contemporáneos con la concesión Real a Zafra del título de ciudad en 1882, de la Feria Regional del Campo Extremeño en 1966 y de la Feria Internacional Ganadera en 1992.